Where am I?

La parte del módulo en la que estoy trabajando o estudiando, trata sobre el análisis contrastivo entre lenguas para facilitar la adquisición de una segunda lengua, entre otras cosas. Aunque había estudiado esta asignatura en la carrera, no la disfruté (y si lo hice no lo recuerdo) como lo estoy haciendo estos días.

Desconozco las fuentes, pero de todas maneras os dejo este fragmento de ejercicio que tengo que analizar. Es una parodia del diario de una norteamericana en España:

Domingo, 1 de julio.
El autobús acaba de llegar a Salamanca. He debido quedarme dormida. Ah ahí está mi nueva familia. Mi familia española. Parece que mi nuevo hogar está formado por tres personas: el padre, la madre y un hijo bastante mayor. Se acercan a mí y me besan. Hablan muy alto y muy rápido. No entiendo nada, pero les da igual. Me siguen hablando y hablan entre ellos como si estuvieran enfadados. No dejan que la otra persona acabe nunca. Debo parecer tonta. Digo a todo que sí, aunque no me entero de nada la mitad de las veces. (…) Ya estamos en casa. Es un apartamento pequeño en un cuarto piso. La casa está bastante limpia. Me enseñan mi habitación. Es muy pequeña. No sé cómo pueden dormir en camas tan pequeñas. Bueno, no debo quejarme. Por cierto, hay un señor mayor durmiendo en un sillón. Parece que es el abuelo. Tiene la boca abierta y casi no le quedan dientes. Ronca como una locomotora.
La señora de la casa me ordena que venga: “Anna, ven aquí”. Supongo que estará enfadada porque no ha dicho por favor y habla en un tono muy fuerte. No me puedo imaginar por qué se ha enfadado. Después me insiste en voz alta en que me siente y que coma. Menos mal, estaba muerta de hambre. Esta especie tiene unos horarios de comida muy raros: “Siéntate y come, venga”, me dice. Creo que aquí no conocen las fórmulas de cortesía. La comida es un poco rara, pero no está mal. La televisión está puesta con las noticias. No sé cómo pueden comer viéndolas. Después mi madre española se enfada porque no como todo, insiste en que acabe el plato y me trae más. Seguramente se trata de una estrategia para que engorde, pero no sé qué ventaja les da que yo engorde a menos que sean caníbales, pero no tenía entendido que los españoles fueran caníbales. Parecen algo raros, pero ¿tanto? Luego empieza a decirme que en mi país no se come bien, que no hay jamón, ni chorizo. Solo coméis hamburguesas. Se pasa así veinte minutos. Bueno, a lo mejor exagero, algo menos, pero en diez minutos no ha parado de comparar su planeta con el mío y a poner ejemplos de otros estudiantes que ha tenido. España siempre es mejor en todo. El señor de la casa enciende un cigarro y le dice que me deje en paz. Se ponen a discutir en un volumen muy alto. Aprovecho para marcharme.
Lunes 2 de julio
Han empezado las clases. Me consuela saber que no soy la única con problemas en este planeta. Mis compañeros de clase son solidarios. Hemos hecho terapia de grupo contando nuestras experiencias. Una compañera que vive con una familia en la que hay niños pequeños dice que son los reyes de la casa y que maltratan a sus padres todo el tiempo:”Papá dame dinero”, “Mamá, hazme un bocata”. Otro chico de Alemania estaba escandalizado de que el suelo en los bares estuviera tan sucios. Todo el mundo tira las cosas al suelo sin más. Y así otras historias. Ahora me siento mejor. Además, los profes son muy majos y la ciudad es impresionante. Hay historia en cada rincón. Bueno, y bares también.
Jueves 5 de julio
Le he preguntado al profe por qué la gente no usa palabras como “gracias, por favor o perdón”. De hecho, mi madre española me dijo el otro día “No me des las gracias todo el tiempo, Anna”. El profe vivió en Estados Unidos algunos años y me ha dicho que no me preocupe que aquí es así. Cuando vas por los supermercados en España -me cuenta- la gente te pisa, te da codazos o simplemente te roza y muy raras veces te piden perdón. Pero si vas con un carrito por los pasillos de los supermercados de los Estados Unidos, que normalmente son enormes en comparación con los de España, cuando llegas a un metro de la otra persona, empiezan a decir: Oh, perdón. Lo siento. Y mueven su carro. Al principio me hacía gracia -me dijo-, pero al final acabé pidiendo perdón a un metro de distancia. Cuando volví a España me sentía claustrofóbico las primeras veces que tenía que ir al supermercado. De todas formas, -añade- no es verdad que nadie use esas palabras, solo son menos frecuentes.
Lunes, 9 de julio
Esta especie es muy rara, hablan rápido y alto, comen a horas extrañas, conducen como locos, no duermen, pasan toda la noche en una extraña peregrinación por locales oscuros, ruidosos e ingiriendo bebidas que me producen mareos. Desconocen la cortesía… Son superdirectos. El otro día al llegar a casa un vecino pulsó el botoncito del timbre del portal, del interfono y cuando le preguntaron ¿Quién? contestó Yoooo, abreeeee.
Intenté explicárselo a mi intercambio. Le dije: En los bares la gente siempre dice “Dame una cerveza” y en mi país, nosotros decimos ¿Podría tener una cerveza, POR FAVOR? En los restaurantes es algo parecido, en mi país cuando una persona pide comida en un restaurante dice “Hola ¿puedo tener un plato de paella y pan? Y para beber me gustaría una cerveza, por favor… gracias”. Pero en España, cuando una persona quiere comer, dice Una paella, pan y para beber, cerveza. Además hablan muy alto y discuten como si estuvieran enfadados. A veces me da miedo. Mi intercambio se rió mucho. Dice que los americanos estamos un poco locos.
Jueves, 12 de julio
Me encanta España. Me encanta Salamanca. Puedes caminar por las calles y están llenas de gente. La gente parece disfrutar de la vida. No conocen la prisa. En los Estados Unidos, corremos a todas partes, siempre hay algo que hacer. Me he sentado en un café en la Plaza y el camarero tardó más de cinco minutos en venir. Pero es maravilloso sentarse aquí y ver a la gente pasar: familias, viejos, niños, extranjeros… Es como un mundo en pequeño y todos parecen felices.

Viernes, 13 de julio
Los machos de este planeta son muy agresivos con las hembras de otros planetas. No te dejan en paz. Incluso los más viejos se te acercan y te cuentan cosas que me ponen colorada. Además, el señor de mi casa y el hijo, que tiene ya 28 años, no hacen nada en casa. Mi madre cocina, pone la mesa, limpia, recoge y ellos viendo la tele. No sé si me gustaría vivir aquí. [medianoche] He conocido a Carlos, un chico de Madrid. Es guapísimo. Y muy gracioso cuando habla inglés con su acento español y dice “eschool” en vez de “school” y” estudent” en vez de “student”. Sus amigos siempre están discutiendo y se meten conmigo. Creen que todos los americanos somos iguales: incultos, ingenuos, materialistas…Hemos estado tomando unas copas y Jennifer dice que estoy un poco borracha y que me he enamorado. Es mentira. Solo tiene celos de mí. Ahí viene Carlos…

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Fonológicamente incorrecta

Hoy tengo una pausa y mientras estoy leyendo un interesante estudio que hace Giles (1979) sobre la pronunciación. En concreto aquí habla de los casos en los que el hablante no nativo decide consciente o inconscientemente, establecer una barrera lingüística para distinguirse del resto.

En estos casos opta por hablar con acento, bien para no perder su identidad cultural o como dice Poster y Garvin (1989) porque de esta manera las transgresiones a las normas sociales se disculpan más fácilmente si el transgresor es extranjero.

Mi anécdota fue a la inversa cuando vivía en Ecuador. Aquí es cierto que tuve que graduar la fuerte pronunciación de las ‘ces’ y las ‘zetas’ y añadir un acento a mi español para no sentirme rechazada en las actividades cotidianas; ya fuera comprando leche o preguntando en la calle.

En este caso contaba con la ventaja de compartir el mismo idioma. En los países de diferente lengua, como por ejemplo Alemania, he notado que sí es verdad que los nativos agradecen y recompensan el esfuerzo de los aprendientes que pronuncian o se esfuerzan por hablar correctamente su idioma.

Recuerdo que me llamó la atención cuando llegué por primera vez a Alemania y hablaba con mis amigos en inglés. Yo no había escuchado nunca la pronunciación de los alemanes al hablar otro idioma.  Lo notaba muy raro. Y es que cada país tiene un acento peculiar a la hora de hablar una L2. Los españoles  tienden a roll la ‘erre’ (lo siento, no me acuerdo como se dice)  – aunque  también es característico de los bávaros- además de no diferenciar las diferentes ‘eses’ y añadir una ‘e’ cuando la palabra empieza  por ‘s’: straβe [estrase] (calle).

Otra curiosidad que cabe mencionar sobre el aprendizaje de un segundo idioma, es la rapidez o precisión. Os aseguro que vivir en el país del que se aprende la lengua no es garantía de éxito. Bohn (1995) comenta que depende de la cuantificación de la exposición del nuevo idioma. No significa que al vivir en Alemania, todos reciban la misma cantidad de “aducto lingüístico”,  ni que éste sea de “calidad” (Seliger, 1977). Suele pasar que los españoles buscan a los españoles, los turcos a sus turcos y los polacos a las polacas. Algunos no se integran jamás y tampoco se sienten aislados en sus guetos. En un curso de alemán que hice en Darmstadt, me sorprendió que había compañeros que llevaban 17 años viviendo en el país y aún no sabían comunicarse correctamente en alemán. Y no sólo ocurre aquí, todos conocemos la costa Mediterranea de poblados ingleses y alemanes retirados.

Así que sí, se podría decir que dependiendo de los casos, unos deciden hacer una inmersión, aprender de una cultura, envolverse con otra sociedad y desarrollar habilidades; y otros simplemente viven ajenos e ‘independientes’. Por supuesto que la vida es un arcoíris y en este caso no  hay ni bien, ni mal. Que cada uno haga lo que quiera. Yo soy de diferente color según el día ¿Y tú?

 

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Después de puntos sin comas

Estos días, cuando ya estaba cansada de preparar clases, de estudiar para el proyecto de tesis, o para el curso de Macrodestrezas lingüísticas, abría el tercer libro de la saga de Katherine Pancol: “Las ardillas de Central Park están tristes los lunes.” Que a pesar de sus 919 páginas, se lee rápido. Lo he utilizado sobre todo para aprender a leer por encima. Estas navidades mi directora me decía -Pero no te leas el libro palabra por palabra, léelo por encima.- Así que me he esforzado en leer sin leer y pasar feedbacks o referencias que Pancol hace de sus otros libros. Porque a ella le encantan las largas descripciones que contextualizan eventos que se ven venir. Se recrea en nutrir el escenario de sus actuaciones.
Me he dejado llevar en especial por Gary y Hortense. Dos almas que están destinadas a estar juntas. Esa intuición inconsciente provoca que apuesten por una perspectiva más egoísta. Cada uno construye su vida sin pensar en el pilar del amor. La fuerte personalidad con la que han crecido les lleva a armar su vida con una estructura bien cimentada de trabajo. Avanzan a partir de lo que realmente disfrutan haciendo y al creer tanto en sí mismos, ellos solos flotan en éxito.

Yo también busco esa independencia personal. Los viernes por la tarde, por ejemplo, trabajo en la Volkshochschule que tengo al lado de casa. Busco el éxito apoyándome en tareas relajadas. Porque puede resultar agotador dar una clase de 17 a 21 de la noche, a adultos que acaban de salir de trabajar. Es un grupo muy variopinto en edades, ritmo de aprendizaje, técnicas de memorización y objetivos personales. Pero en general, se adaptan bien unos con otros y juntos encuentran su recompensa comunicativa.

Me he dado cuenta de que a los alumnos más mayores, la proyección de powerpoints no les facilita la comprensión de gramática. Aprenden mejor si escribo, aunque sean las mismas palabras, en la pizarra. Además las actividades psicomotrices les resultan rápidas y prefieren no tener que moverse de su silla, ni cambiar de parejas. Les encanta traducir palabra por palabra para luego preguntarme por el significado global de la oración.

A pesar de esas dificultades que se pueden encontrar dentro del aula, son muy amables y agradecidos. Y al final de la clase siempre me dan las gracias, me desean un buen fin de semana y se despiden con una afable sonrisa. De ahí es de donde se alimentan mis ganas por mejorar y hacer que cada viernes, poco a poco, superemos juntos nuestras metas como docente y discente.

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Procesos camaleónicos de adaptación

Segunda clase del año en Tübingen. Son las 10:14 y estoy sentada en el primer vagón del RE que va a Stuttgart. Es un vagón para los que llevan bici y sólo tiene una hilera de asientos en las paredes de éste; así que todos los que estamos nos podemos ver las caras. Por suerte, hoy todo a mi alrededor sonríe y eso provoca un efecto pigmalion en mí. A pesar de que el día está pintado en nubecitas y un difuminado blanco, se puede ver algo de azul, como si estuviera atropellado con la luz de la primavera. Por tanto ya sé qué álbum voy a escuchar hoy: El camino de The black keys. Lleva casi un año siendo mi disco preferido y aún sigue empujando a las good vibes.
Tengo delante un padre junto a su hijo y ambos rezuman calma y paz. Caras sin malas intenciones, gente buena que dan ganas de tener al lado para contagiarse de esa tranquilidad. Sonrío aunque mirando de reojo el reloj, porque este tren se está retrasando y voy a tener que correr bastante para no perder el siguiente a Tübingen. Precisamente hoy que llevo los tacones más altos que tengo. Gracias que estoy segura que un alumno que viaja en el mismo tren saldrá corriendo y si ve que no llego, mantendrá la puerta del tren abierta hasta que suba (no es la primera vez que lo hace).

10:23

Y así ha sido. Sí qué corre rápido Marco. Al llegar al tren, echa una mirada rápida atrás. Ve que nos da tiempo a los rezagados, y se hace hueco en entre las plazas que quedan libres.

Han pasado 5 días desde que llegué. Siempre me cuesta un poco volver a ajustarme al cambio cultural y un poco más si además debo estar intelectualmente activa.

Con el cambio de iPad (Mua Ma) algunas cosas no me funcionan. Y no he podido hacer proyecciones durante las clases. Podía haberlo solucionado ayer, pero lo he aprovechado como challenge y voy a pasar la semana sin él. Me ha servido para darme cuenta de lo fácil que resulta adaptarse a ciertos recursos que facilitan el trabajo. Y quiero experimentar un poco con los alumnos y ver en qué medida su aprendizaje varía.

El primer día sin iPad me dio la impresión de que estaban más distraídos. Y en vez de cansarlos con nuevos temas, hice un repaso de las últimas clases e hicimos actividades en grupos para interactuar y mantenerlos motivados.

Hoy voy a invertir la tortilla y a ver que sale. Como no tienen el apoyo de la proyección (aunque tienen el PDF sobre la clase colgado en la página web) la intención es una clase inductiva, donde partimos de su conocimiento inicial (input) para ir construyendo la estructura y ellos sean conscientes de este análisis. A mí en particular, cuando yo era estudiante de idiomas, no me gustaba este método de aprendizaje. Me parecía tedioso y requería un esfuerzo mayor para el alumno. Pero para compensar, la próxima semana repasaremos la clase de hoy y comprobaremos  si a ellos les gusta o no. Haremos una evaluación de lo aprendido con actividades tipo role play, para convertir ese output en comunicación, que al fin y al cabo es lo que ellos buscan.

11:23

Ya en Tübingen. Me voy a clase.

14:00

Han aplaudido. O son todos unos pelotas, o les ha gustado la clase.

Bueno, me voy a por el cable VGA que necesito.

¡Hasta la próxima!

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Tschüß y Welcome!

Adiós al año dispar de imprevistos. Quiero que venga eladios nuevo ya. Tengo tantas ganas de verlo y desatar la lazada de empaquetados planes.

Me despido de lo que se quedó y dejo atrás: esta preciosa tierra, con su idioma de consonantes, mi bici de manillar verde, el transportarse en tren de aquí a allá, la nieve y la primavera, el glühwein y los espárragos… y lo que ha sido lo mejor de todo, trabajar en las universidades y tener alumnos que me hayan hecho sonreir cada día. Adiós, adiós, adiós.

Me podéis seguir encontrando en internet, que esto no se acaba. Es sólo un 2013 menos y una página nueva en blanco para escribir. Me hace tanta ilusión.

¡¡Tres días para pisar Murcia!!

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A partir de un ladrillo

Hay una esquina que me encanta mirar los días nublados. Alzaría las manos hasta la altura de mis ojos, localizaría el rincón ¡Click! y me lo llevaría a casa, para ponerlo cerca de donde podría encajar una chimenea.

Deben ser los ladrillos deslucidos bajo la corteza de enlucido y triste pintura. Tiene que estar en algún recoveco de mi infancia bajo el adobe de tejas, cañas y barro del tejado de la cuadra de mi abuelo. Donde solíamos subirnos yo y mi hermano, bien para saltar a la casa vieja de la vecina, o ya fuera para simplemente sentarnos ahí arriba y ver a la familia pasar, oler el intenso jazminero y planear nuestro siguiente objetivo de patineta.

El rojo ladrillo apasionado aún sobrevive en las casas victorianas, tan bonitas, tan odiadas. Para mí, románticas, porque quizás no las haya sufrido suficiente. Para otros, incómodas y mal aisladas, llenas de polvo y crujidos. Es como las gaviotas o mejor como los bellos pueblos que visitas y suspiras por vivir en ellos. Y los que vivimos en ellos asentimos sin más.

estaciónLa esquina está en lo alto de un edificio de antiguos molineros. Hoy en día de la fábrica de Nestlé. Me gusta cómo suena Nestlé, no la asocio tanto con el chocolate, como con las papillas de cereales con miel. ¡Qué olor a infancia!

En frente de la casa de mi abuelo hay también un molinero. Además mi abuelo solía tener en la cochera sacos apilados hasta el techo de harina. Mi hermano y yo nos hacíamos trincheras o nos subíamos hasta bien arriba de los sacos y tantas veces los rompíamos… Pero mi abuelo no se enfadaba con nosotros, simplemente gruñía un poco y ponía cinta adhesiva marrón. Era una tentación, por la sensación,  zambullir la mano dentro del saco roto. Sentir como se hundía en las minúsculas partículas y envolvía ese olor seco a cereal. Constantemente intentamos aprovechar los que destrozábamos o venían muy rotos, haciendo masa para pan y cociéndola en la chimenea de leña. Pero estaba siempre crudo por nuestra impaciencia o tremendamente recio al paladar, aunque lo comieramos luego. Sin duda, la molla del pan de kilo comprado era mil veces mejor.

Así es Proust. Empecé hace unos días “Por el camino de Swann”, un libro que desplaza a otros días. Como lo hace la luz bajo la puerta cuando se intenta dormir,  “para ver con sus propios ojos una ciudad deseada, imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado”.

Evoca la niñez muy dulcemente. Ese esperado beso de buenas noches cuando eres niño. Recuerdo –antagónico a hoy –que me encantaba dormir oyendo hablar en el salón. O que cuando venía mi tía por la noche, pedía que aunque durmiese, entrara a darme ese beso de Proust.

Es una escritura lenta y muy descriptiva, de esas que ya no se llevan. Por eso hay veces que me lleva a representar mis propias escenas fuera del ambiente que describe. Es posible que no resulte del todo realista, pero prefiero esta forma de pensar madura y llena de sentimientos con la que habla este niño, a cuando utilizan ese lenguaje pueril. Así que si también quieres leerlo busca el momento apropiado, porque es como un cuadro paisajista oscuro y deslucido del barroco (por ejemplo: Caravaggio -perdón a quien ofenda) al lado de un impresionista (por ejemplo: Saurat), ni pararás a mirarlo.

Termino con esta pregunta que tantas veces siento:

“¿Cuál puede ser ese desconocido estado que no trae consigo ninguna prueba lógica, sino la evidencia de su felicidad, y de su realidad junto a la que se desvanecen todas las restantes realidades?”

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De otros que influyen

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Soy un poco retardada, sobre todo cuando me enfado por un ataque. Pero es algo que en la tierra donde estoy viviendo se lleva bien. Los alemanes se toman su tiempo para pensar y dar una respuesta. Y eso me pasa a mí, necesito tiempo para hablar. Porque a pesar de estar acostumbrada a pensar (quizá sea ese el problema) tengo que ir pinchando las miles de pompas que se precipitan a salir por mi boca. Toca descubrir cual lleva un mensaje neutro y que no parezca una galletita de la suerte con un mensaje para encajar en el tiempo.

No sé si yo soy de esas personas que dan continuamente consejos. A veces me dicen amigos, estoy haciendo esto que me dijiste… y me pregunto si de verdad fui yo. También los recibo y justo cuando los pido, no los encuentro. Pero recuerdo si alguna vez recibí alguno sin pedirlo. El que quiero comentar es de las voces de la experiencia que no tienen el problema de las pompas de verborrea. Éste era sobre cómo cuidar un amor. Porque de los miles de amores que existen, aunque yo quiera creer que todos tienen el mismo patrón, por desgracia para mi comodidad, no es así. Me parece injusto, porque fue un consejo un poco machista. Pero también es cierto que el grado de importancia se la podemos dar nosotros mismos. En algunas situaciones la mujer sigue teniendo que luchar más para competir ya no sólo con el hombre, sino contra mujeres.

Aunque estoy plenamente orgullosa de mis orígenes, trato de integrarme socialmente cuando vivo en otros países y entender las reacciones por su historia, tradiciones o cultura. Entonces toca suavizar las “zetas” y las “ces”, y otras más que acentos es cosa de actitud. Pero siempre soy extranjera, a mí no me molesta, porque quiero serlo. Una vecina mía me decía que ella no me veía como una Auslander. Fue cuando me di cuenta que para ella era despectivo.

Y lo mismo con las relaciones. Te tienes que esforzar para que sigan ardiendo y no pasen a Detallessopa fría. Te crees que por estar en el siglo 21 se valoran más las aptitudes, méritos y resultados, y no es así. Hay que seguir siendo un pack competente 24 horas al día. Gracias que somos unos Cayenne con facilidad de adaptación según el terreno, aunque yo vaya en una bicicleta con un grünes Lenckerband. Y claro, luego espero un Mercedes SLS que no haga un ruido al correr, aunque como dice mi alumno Peter, sólo sea para sacarlo los domingos. Aquí es donde viene mi queja ¿Existe un principio de reciprocidad? Si te doy, me das. Si me das, te doy. No lo tengo claro. No lo busco pero… ya me entendéis.

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Musarañas y libros sin clase

Lunes 21
Cumple Aitor.
Primer día de clases. No me apetece nada leer en el tren, prefiero mirar por la ventana.
Nueva clase, nuevo recorrido, nueva gente. Me gusta como suena.

Martes 22
Todo empieza a volver a fluir, menos mal.
Hoy me ha pasado algo inusual, no para mi, sino para estos alemanoides. En el tren, un señor se puso a hablarme y estuvimos hablando sobre el libro que acabo de empezar “Las lagrimas de san Lorenzo” de Julio Llamazares. Estaba con Rayuela, pero después de la primera conexión del viaje de hoy, he tenido que cambiar de libro.

Jueves 24
Vuelve a lucir el sol. Leo a Llamazares. Reconozco que al principio me parecía una lectura de “acaboellibroen2díasymeolvidodeél” pero hoy he encontrado un párrafo donde uno de los personajes me ha dejado reflexiva. Hablaba sobre su evolución personal y la relevancia que daba al campo sentimental y laboral.

“… un lector de Español cansado de un trabajo inestable y mal pagado, pero del que vivía desde hacía tiempo. Y que me había llevado por toda Europa. Sin el doctorado hecho y sin ganas de ponerme a hacerlo ya (aparte de que necesitaba ganar dinero, llevaba años sin estudiar…”
“… contacto continuo con estudiantes unido a mi peculiar estilo de vida: cada año en una ciudad, cada curso comenzando de nuevo en otro país, a veces en otro idioma, con otros alumnos siempre, me había hecho sentirme inmune a algo que los demás sí perciben, que es el paso del tiempo por sus vidas…”

Y pensando y pensando en vez de ir a Tübingen, me he venido a la Universidad de Hohenheim… Jo20131025-111740.jpgder, que es jueves.
Las 11:12 en Vaihingen. El S1 no llega hasta dentro de 10 minutos.
Y lo mejor que puedo hacer es:
Tomar el sol
Como si necesitase la combinación de respirar la luz ahogada de tiempo.
Como si no tuviera suficiente calma en los trapecios y necesitara derretir el hielo con unos rayos.

Ayer leí que Kandisnki no fue el precursor del arte abstracto. Que fue una mujer sueca, Hilma af Klint. Estuve un rato mirando alguno de sus mil cuadros guardados con recelo por su sobrino durante 20 años. El tiempo que ella pidió para ser comprendida socialmente.
Una bruma medio modernistas (frecuenta unas figuras blancas parecidas al jazmín o el narciso) entre líneas de colores y geometrías. Así me siento ahora, una burbuja de jabón de coco entre los hilos del tiempo, el ferrocarril y los cables de alta tensión. Y esto me recuerda a una vez, hace no mucho que me preguntaron -¿Y cómo lidias el estrés? Y yo dije – No lo padezco. Me sorprendió que no gustase mi respuesta. Y la acompañé de – Hago yoga. Para corroborar el éxito de la terapia. Y no vacilar de irresponsable.

Las 11:32 y estoy en Hulb, cuatro paradas para el próximo tren. No llego a tiempo a clase. Pero gracias a la evolución, tecnología, un iPhone con internet y buenos compañeros; no va a ser más que una anécdota del segundo día de clase – Gracias de nuevo Daniel -que solo yo habré sentido. Del que ahora mismo podría hacer un DAFO. Dar una importancia, pero al final decidiré sólo recordarlo entre risas.
¿Es esto lo que nos hace vivir más intensamente? Porque a mi me pasa a diario.
Y la verdad que me gusta.

Estoy en Herrenberg.
Ya son las 11:53.
Dentro de nada corriendo por Tübingen.
Y después en clase hasta las 17:30, por si queréis pasar a saludar.

P.D. Al acabar la primera clase un alumno me comenta que me vio en la primera estación. Él estaba en el andén de en frente subiendo a otro tren.

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Ruidos

Escucho mi corazón, a veces el silencio, a mí, y música mientras voy a correr, me ducho o cocino. Disfruto escuchando las palabras que dicen los corazones, las que se recuerdan en silencio y la música que evoca todo lo anterior.

Puedo oír latir mi corazón, el segundero del comedor, el frigorífico pidiendo más energía y el procesador de texto rogando que termine ya de preparar la clase de mañana. Pero no sé dónde buscar mi risa, porque quiero decirle que la echo de menos.

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Horizontes

Me escribe: Y las mamás están para hacer palmas. Me tengo que reír.

El viernes empezó mi otoño de trabajo. Me ha costado un poco superar, no que el verano se fuera, sino alejarme de las personas que amo. Es el año que más me ha dolido el alma. Pero gracias a mis amigos, sigo sonriendo.

Tengo la cabeza llena de ideas y cambios, y temo que de tanto pensar me levante sin un pelo – No te preocupes mamá, es sólo una forma de hablar. No se me está cayendo el pelo.

Me gusta mucho mi trabajo, pero no puedo pasarme los días diciendo lo bien que me lo paso. Así que gracias a Mª José y mi influente Rosario, voy a seguir formándome. Hay una gran variedad de cursos en la Universidad de la Rioja que permiten hacerse online: http://fundacion.unirioja.es/formacion_areas/view/3/ensenanza-del-espanol  y a pesar de querer apuntarme a todos, he elegido el de Especialista Universitario en el Tratamiento de las Macrodestrezas Lingüísticas y la Competencia Estratégica en la Enseñanza-Aprendizaje del Español L2/LE.  Estoy impaciente por que llegue el 15 de noviembre. Creo que si los profesores no se renuevan, por muy creativos que sean, se van estancando poco a poco en la rutina. Aunque es cierto que el alumno necesita poner de su parte, cuando el profesor está motivado, los niveles de interés suben. Eso busco yo, ser buena transmisora del mensaje. A veces volvería otra vez a la universidad, para poner más atención en algunas brillantes lecciones y aprender de lo que otros ya saben. De unos, porque otros… es como ir a un museo y tragarse esas auto-guías que aletargan los pasos.

Hablando de museos, el otro día pasé por el TATE y la National Gallery. De entre todo, me volvió a fascinar el impresionismo. Además de algunas esculturas (TATE). Me sorprende, porque antes no me gustaba nada y ahora me inspiran… También dediqué mi atención a la pintura renacentista; quizá por haber visto la archiconocida serie The Tudors. Tenía curiosidad por Holbein y el reflejo de la corte del rey. En la galería encontré uno de sus cuadros más famosos “Los embajadores”.

La imagen que he subido es de Turner, el paisajista inglés. Sus batallas de barcos entre tormentas y cañonazos, me absorbieron. La luz de sus atardeceres en el mar está llena de serenidad y calma. Ésta, aunque no es mi preferida, es muy bonita, es el Chichester Canal. Al mirarla, me desplazo con ella en el suave vaivén de la carabela. Me sitúo donde el barquero, que mira el sol caer y se deja llevar por los sueños y esperanzas del mañana.

Me acabo de acordar que el 19 de octubre es la noche de los museos en Stuttgart. Tendré que empezar a planear la visita.

Chichester Canal circa 1829 by Joseph Mallord William Turner 1775-1851

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